TANTO MONTA, MONTA TANTO, LIBERTAD COMO IGUALDAD

 20 de noviembre de 2020

Cuando escuchamos la palabra libertad nuestros labios, con gran facilidad, dibujan una sonrisa, y respiramos hondo y nos sentimos mejor, nos sentimos más libres. Queremos ser libres, considerarnos libres, vivir en libertad. Por eso nos reconforta y alegra leer la palabra libertad en muchos poemas, como “Para la libertad” de Miguel Hernández, escucharla en canciones como “Libre te quiero” de Amancio Prada. Pero su utilización en diversas circunstancias, en momentos muy dispares, de muy diferentes maneras, provoca que su significado sea lábil, incluso que se diluya, se convierta en una especie de niebla que nos envuelve sin dejarnos ver con claridad. 

La derecha española se autodefine como auténtica, y a veces única, defensora de la libertad, con gran sorpresa para much@s, porque en este país una parte de la misma participó y apoyó la dictadura franquista, y aún hoy en día cuando la condena, lo hace a regañadientes y con la boca pequeña. Proclama que su bandera es la libertad, libertad de elección de centro escolar, libertad de poner los servicios públicos en manos privadas, libertad de los bancos y grandes tenedores de pisos para desahuciar, libertad de los fondos buitre para comprar viviendas sociales a precios irrisorios, libertad de fumar en cualquier lugar, …, llegando incluso a acusarnos a la izquierda, por ejemplo, en los plenos del ayuntamiento de mi municipio, de nuestro deseo, “nuestra pasión por prohibir”. Lo repiten hasta la saciedad para convertirlo en mantra, olvidando que la ley mordaza, por ejemplo, se encuentra entre su cosecha. Paradoja total y ejemplo eminente de lo que digo es que la aprobación de la LOMCE, recientemente en el Congreso, ha terminado, después de su voto en contra, con los gritos de “Libertad, libertad” por parte de la derecha y ultraderecha, esa que defiende el patriarcado, la dictadura franquista, las desigualdades sociales sin tapujos.

Volviendo a la política municipal. Son muchos los plenos en los que esto ha sucedido. Sirvan como ejemplo, el pleno del ayuntamiento en el que se debatía una moción para no permitir fumar en la terraza de la biblioteca municipal, que infringiendo claramente la ley se estaba haciendo. La derecha votó en contra y nos dijo “os gusta prohibir”. Desenlace: la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid nos dio la razón. También nos “gusta prohibir” la utilización de herbicidas, como el glifosato, en nuestro municipio o que los vehículos, como la bicicleta o los patinetes, circulen por las aceras. Otro ejemplo recurrente son los debates sobre la escuela pública y la privada-concertada. El argumento repetido hasta la saciedad por la derecha, libertad de elección de centro. A lo que decimos siempre: la izquierda no estamos en contra de que las familias elijan el centro que quieran, estamos en contra de pagar con dinero público la elección de centros privados.

Estos debates en el pleno municipal me han llevado a reflexionar a menudo para buscar la forma más pedagógica de contestar, de rebatir, intentando poner sobre la mesa una explicación potente sobre el uso de la palabra libertad que tenga proyección social, que sea convincente, ya que hay que reconocer que la utilización de la libertad en sus manos termina calando en la ciudadanía. En mi reflexión las preguntas que he tratado de responder son, libertad ¿para qué y para quienes?, y ¿la libertad se tiene que conjugar sola o debe ir acompañada de otras características?

Respecto a la primera, me parece muy interesante la siguiente cita de Matthew Arnold “la libertad es un caballo muy bueno para cabalgar sobre él, pero para ir a algún sitio[1] Esta idea le sirve a Harvey[2] para indicar que, cuando se hizo evidente la falsedad de otras justificaciones, el presidente de Estados Unidos en 2003, George Bush, señaló que la guerra contra Irak se llevó a cabo en aras de la libertad del pueblo iraquí, para liberarlo de la opresión de Sadam Hussein. Pero que en cuanto se formó la Autoridad Provisional de la Coalición, en septiembre de 2003, se dio paso vía decreto, “a la privatización de las empresas públicas, a plenos derechos de propiedad para que las compañías extranjeras hayan adquirido y adquieran empresas iraquíes, a la plena repatriación de los beneficios al extranjero, ….,a la apertura de los bancos iraquíes al control extranjero, …..”. ¿Qué libertad se buscaba? ¿La del pueblo iraquí o la de las empresas extranjeras para expoliar los recursos iraquís? ¿Para qué y para quienes era la libertad buscada que trató de justificar una masacre?

Desgraciadamente en demasiadas ocasiones, el neoliberalismo, bajo el nombre de libertad, disfraza, camufla la defensa de los privilegios de unos pocos, la pugna porque la sociedad no avance hacia unas cotas de igualdad y de justicia social para todos. Ejemplos tampoco nos faltan en España. La necesaria Reforma Agraria que trató de poner en marcha la II República puede ser considerada un ataque a la libertad de los latifundistas, de los poderosos que iban a perder sus privilegios; pero, por el contrario, los campesinos iban a encontrar la libertad de trabajar una tierra de la que, al menos, los frutos que diera serían para ellos. En el caso de la Iglesia Católica también tenemos abundantes ejemplos de este tipo de libertad. No se trata de libertad cuando lo que se quiere es defender los privilegios de algunos.

Por estas razones y contestando a mi segunda pregunta, la palabra libertad debe conjugarse con la palabra igualdad. ¿Qué libertad tiene una persona cuya máxima preocupación es llegar a fin de mes? ¿Qué libertad tiene una persona que, si no existen en el país unos buenos servicios públicos, no puede elegir servicios privados porque no puede pagarlos? ¿Qué libertad hay para la infancia que no tiene protegidos sus derechos?[3] ¿Libertad para morirse, si no se existe una sanidad pública gratuita y universal? La libertad de mercado es la libertad que defiende el neoliberalismo y es la libertad que llena la boca de los concejales y diputados de la derecha. Es esta libertad absolutamente individualista, y lejana de la igualdad, la que patrocinan y la que les conduce a considerar innecesarios y privatizar los servicios públicos que son para todas y todas sin ninguna distinción, con la misma calidad y la misma atención para toda la ciudadanía; y que son los que el estado tiene la obligación de proporcionar. Dicen o piensan: ¿para qué los servicios públicos si se tiene la libertad de elegir entre la oferta privada, a la que las administraciones públicas no deben hacer ningún tipo de competencia? Eso sí, elegirá el que pueda y el que no, no importa, tiene la libertad teórica de elegir. Pero “… las libertades políticas serán siempre un mero “papel mojado” si la ciudadanía no llega a contar con condiciones materiales para existir de una forma digna y saludable Ser libre sin condiciones materiales es ser libre para todo, pero sin medios para nada. Ser igual ante la ley es un mero ideal impotente si económicamente hay una desigualdad insuperable que divide a las personas en ricos y pobres.”[4]

Sin una auténtica sociedad igualitaria no puede haber auténtica libertad. Pero hay quien además sitúa conjuntamente con la libertad y la igualdad, la fraternidad. Sí, el lema de la Revolución Francesa, que defendieron los republicanos de izquierdas en nuestro país. La fraternidad se entiende como la independencia económica de cualquier persona, la emancipación para que cada cual pueda ejercer la libertad en condiciones de igualdad.[5] Pensemos en las mujeres que vieron recortados todos sus derechos civiles durante el franquismo. La dependencia era primero del padre y luego del marido. No eran independientes, no eran iguales, no eran libres. Y en esta lucha seguimos.

La libertad que defiende el neoliberalismo es la protección de los privilegios de unos pocos frente a la libertad e igualdad de tod@s. Por esta razón es necesario la regulación y la planificación, lo que la derecha llama “prohibir”, para evitar los abusos de los poderosos frente a la mayoría de la sociedad o para mejorar la convivencia, respetando los derechos de todos. Las leyes, en defensa de la libertad y la igualdad, deben regular la convivencia, como hace, por ejemplo, la Ley del tabaco o la necesaria regulación de los mercados, incluso para evitar que estos conduzcan a crisis económicas como las de 1930 y 2008, que siempre recaen principalmente en los que no tienen auténtica libertad en una sociedad desigual.

La palabra libertad es una palabra con fuerza, con encanto, necesaria, pero también engañosa, porque puede utilizarse de una manera interesada, porque parece que necesita algunos matices, algunas acotaciones que especifiquen que no es deseada la libertad solo para algunos y no para la mayoría del pueblo, que no es deseada la libertad que genera desigualdad, que esconde privilegios, que no es deseada la libertad que es buscada por el neoliberalismo. Pero que sí lo es la libertad de expresión, de reunión, de manifestación, de asociación. La libertad que pedíamos cuando gritábamos “Amnistía, Libertad” al final de la dictadura. Y también es deseada la igualdad de las mujeres y de todos los más desprotegidos para lograr la libertad en todos los ámbitos. Porque como decíamos al principio Tanto monta, monta tanto, libertad como igualdad.



[1] Citado por David Harvey en “Breve historia del neoliberalismo”, 2007, Ediciones Akal.

[2] David Harvey en “Breve historia del neoliberalismo”, 2007, Ediciones Akal.

[4] Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas. “Qué fue de la Segunda República. Nuestra historia explicada a los jóvenes” 2019. Ediciones Akal.

[5] Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas. “Qué fue de la Segunda República. Nuestra historia explicada a los jóvenes” 2019. Ediciones Akal.

EDUCACIÓN, MÁS EDUCACIÓN, POR FAVOR

1 de noviembre de 2020

 

Cuando la Ley ha hecho a todos los hombres iguales, la única distinción que los separa es la que nace de su educación (...) el hijo del rico no será de la misma clase del hijo del pobre si no los acerca alguna instrucción.

Condorcet[1]

Hace unos días leía: “Hay mucho trabajo por delante, empezando por la educación. Son demasiados los estadounidenses que, en realidad, no comprenden la democracia ni la seriedad del arte de gobernar. Desde hace décadas hemos mezclado tanto la fama y la política que la mayoría de la gente no distingue entre las dos cosas. En el primer mitin de Trump al que asistí, en plena campaña, en un aeropuerto de Sacramento, los asistentes se quedaron deslumbrados al ver llegar al personaje de los reality shows en su avión privado. Se rieron de sus chistes y le hicieron fotos con su gorra roja. No hubo nada remotamente parecido a una discusión seria sobre temas importantes …

No tiene nada de malo que la gente vaya a un aeropuerto a ver a un personaje de televisión. Pero votar para que él dirija el país es señal de que no sabemos lo que es gobernar y de que no nos tomamos en serio a nosotros mismos, nuestra nación ni nuestra historia. Y ese es un fracaso del que somos responsables todos como padres, educadores y ciudadanos.

Lo leía en un artículo publicado en El País titulado “Estados Unidos: al borde del abismo” de Dave Eggers[2].

Comparto estas palabras que ponen a la educación como el motor transformador de la sociedad para lograr un mundo mejor para tod@s. Después de leerlo he pensado -Tengo que escribir sobre educación-, la profesión y pasión que me han acompañado toda mi vida.

Solamente los gobiernos que comprenden que la educación es clave para mejorar una sociedad, dedican esfuerzo, ganas, motivación, ilusión y recursos para poner en marcha un proyecto educativo que genere igualdad, espíritu crítico, independencia de pensamiento y solidaridad entre la ciudadanía. Desde los gobiernos, es absolutamente necesario poner la educación en el centro de todas las políticas. Porque es el germen de cualquier cambio, cualquier transformación dirigida a mejorar la sociedad en igualdad, justicia social, sostenibilidad, progreso; a hacer que las personas crezcan en autoestima y confianza y vivan más libres y más satisfechas con ellas mismas.

Y eso fue lo que hizo la II República en España, porque el gobierno republicano sabía de la importancia de la educación para alcanzar la democracia. “España no será una auténtica democracia mientras la mayoría de sus hijos, por falta de escuelas, se vean condenados a la perpetua ignorancia”, se afirmaba en el Decreto en el que se proyectaba la creación de 7.000 plazas de maestros y maestras en 1931[3].

En aquel año, España tenía un enorme retraso en educación, ciencia y tecnología con respecto a otros países europeos; retraso que se reflejaba en la existencia de más de un millón de niños y niñas sin escolarizar; una tasa de analfabetismo de cerca de un 43% entre los mayores de 10 años; pocas escuelas y en malas condiciones; una escuela rural casi inexistente; unos sueldos más que exiguos para maestras y maestros, que además tenían una formación deficiente, y una legislación anticuada y controvertida.

Y enseguida la República se puso manos a la obra, aprobando la Constitución el 9 de diciembre de 1931 que incorporaba en sus artículos 48, 49 y 50 las siguientes características de la escuela republicana:

  •    Escuela única, basada en el principio de igualdad.
  •     Escuela pública, obligatoria y gratuita, capaz de garantizar la desaparición de diferencias por razón de clase, territorio, sexo.
  •  Escuela laica, considerando la religión un asunto íntimo que concernía al ámbito privado y no al público.
  • Con una metodología activa, convirtiendo a cada alumno en protagonista de su propio aprendizaje.
  • Educación para la solidaridad, enarbolando la colaboración frente a la competitividad y la formación de la ciudadanía como eje de transformación social.

No deja de ser absolutamente sorprendente que casi un siglo después, sigamos sin conseguir algunos de los principios básicos de una educación que sea garante de la igualdad y que ya aparecían en la Constitución de la II República: Escuela pública y laica.

Las diferentes leyes orgánicas de educación de la democracia no han logrado que, en nuestro país, la escuela sea pública porque los intereses económicos de la Iglesia, en cuyo poder se encuentra la mayoría de los centros privados-concertados, son defendidos con uñas y dientes por los partidos políticos de la derecha y por esta institución, que hace negocio con un derecho fundamental, la educación. Además de promover la segregación económica del alumnado como se ha indicado por diferentes autores y organismo, entre ellos la OCDE. Y todo ello baja el mantra, que ha calado en la población, de libertad de elección de centro, que, a pesar de lo que dicen, no aparece en el artículo 27 de la Constitución.

Ni tampoco es laica porque de nuevo la larga mano de la Iglesia impide que lo sea. El franquismo asentó en nuestro país el poder de la Iglesia, que mantuvo bajo palio al dictador, y 45 años de democracia no han sido suficientes para lograr un estado laico.

La LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo) de 1990 fue un avance importante. Ha sido la ley más progresista en este país después de II República, aunque no apostó claramente por la escuela pública y laica ni contó con la aportación económica suficiente. Es decir, no supuso una apuesta real y verdadera por la educación en nuestro país. Es verdad que potenció la formación del profesorado; fue el momento de la creación de los CPS (Centros de Profesores), de los cursos de actualización científica y didáctica, de los formadores de formadores, … pero faltó dinero para poner en práctica una ley ambiciosa en muchos ámbitos, y la formación del profesorado no llegó a todos los rincones. Y sin el apoyo, sin la formación del profesorado es muy difícil implementar una ley desde el corazón, creyendo en ella.

También tuvo otros fallos, porque siempre existe una brecha entre la teoría y la práctica. Pero en lugar de hacer una evaluación, detectar los errores y ponerles remedio, la derecha entró a saco por lo que consideraba pérdida de algunos privilegios. Y elaboró la LOCE (Ley Orgánica de la Calidad de la Educación), que nunca se puso en marcha porque el PP perdió las elecciones siguientes y no desarrolló la normativa. La LOE (Ley Orgánica de Educación) fue un pacto educativo, rebajó planteamientos respecto a la LOGSE, pero aun así la derecha insaciable aprobó y puso en marcha la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa), sobre la que se mostraron contrarios todos los demás partidos políticos y, sobre todo, toda la comunidad educativa (alumnado, profesorado y familias). Y así llegamos a la actualidad en la que se está elaborando la LOMLOE (Ley Orgánica de modificación de la LOE), sin que ningún gobierno haya levantado la mano para comprometerse con la educación hasta la médula, que haya comprendido que la educación pública y laica es la única garantía para lograr una sociedad democrática, formada, igualitaria, crítica, transformadora y solidaria.

Fijaos que ha habido muchas (cinco) leyes orgánicas de organización del sistema educativo, pero no tantas como oímos repetidamente en las tertulias, que con un afán de confundir o por desconocimiento mezclan todas las leyes educativas, aunque pertenezcan a distintos ámbitos y tengan distintas finalidades.

La situación actual en España no es como en 1931, cuando la II República se volcó con la educación, pero hay indicadores bastante alarmantes que exigen respuestas inmediatas, como son el porcentaje del PIB (Producto Interior Bruto) dedicado a educación (el 4,21%, en 2018, frente a la media europea del 4,7 o los valores de Islandia o Suecia de alrededor de un 7%; en los Presupuestos del actual gobierno sube hasta el 5%); los altos niveles de abandono escolar temprano (alrededor de un 17%, en 2019, frente a un 10% de la Unión Europea); el alto peso del origen socioeconómico en los resultados académicos, y el nivel, en aumento, de segregación por origen social (pasó del 23,1% en 2006  al 23,8% en 2015), según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) y del Observatorio Social de La Caixa.

Termino volviendo al principio, la extrema necesidad de tener una ciudadanía con un nivel educativo elevado para lograr una sociedad del bienestar que llegue a toda la población.

Faltaban dos días para las elecciones norteamericanas y, con sorpresa y alegría,  escuché en la radio que revistas científicas americanas, de la categoría de Nature, Science, New England entre otras, han mostrado su apoyo a Joe Bieden y han criticado duramente a Trump por su desprecio a la ciencia, basado en una ignorancia supina, por sus mentiras, por su gestión de la pandemia de la Covid-19 y por su negacionismo frente al cambio climático[4],[5].

Inmediatamente he pensado, importantísimo este compromiso por parte de las científicas y científicos, pero si la población en su mayoría no está educada, no es conocedora de estos problemas, no es capaz de elaborar críticamente sus propias opiniones al margen de todo el ruido e intereses mediáticos, poco habremos avanzado en la democracia y nadie nos librará de que energúmenos, como este, lideren los países. Más y más educación es necesaria.

El título del artículo es en memoria de Luis Eduardo Aute: Cine, más cine, por favor.

ÍNDICE DE EDUCACIÓN PATRIÓTICA

 26 de octubre de 2020

 Entre los descubrimientos de este verano, todos los cuadernos de mi madre cuando era una niña en un pueblo que cayó pronto bajo el dominio de los fascistas tras el golpe militar, me encontré uno con la portada “Índice de materias”. Me llamó la atención el título y pronto me adentré en él. Este cuaderno, como su nombre indica, recoge de una manera muy organizada los contenidos de las distintas materias que mi madre fue estudiando en la escuela durante la guerra civil. Hay índices de distintas áreas: Educación Patriótica, Historia de España, Geografía, Biografías y Doctrina Sagrada. Estos índices reflejan de una manera muy gráfica la educación que las niñas están recibiendo en una escuela rural franquista.

El Índice de los trabajos de "Educación Patriótica relacionados al Movimiento Nacional" se recoge en las Figuras 1, 2, 3, 4, 5 y 6. Los títulos de los contenidos hablan por sí mismos y son variados en la forma, pero no en la temática. Así nos encontramos con cartas, como la ya mostrada en este blog, al general Queipo de Llano, conocido como el carnicero de Sevilla, la dirigida a la viuda de Mola o la dirigida al Caudillo con motivo del decreto del “Servicio Social” de la mujer; con reconocimientos a las conquistas realizadas por el ejército  golpista, como las de Bilbao, Gijón, Castellón o Teruel; con algunos decretos como el de la Consagración de España a la Virgen María; con conmemoraciones de aniversarios como el de la caída del Alcázar de Toledo, las muertes de Mola y Calvo Sotelo o la exaltación del Generalísimo. Y siempre con la omnipresencia de abundantes referencias religiosas; a los símbolos patrióticos, escudo, bandera e himno, y al papel de las “Mujeres al servicio de España”.

Me resulta totalmente espeluznante el espíritu militar presente en este índice. Se pretende hacer a la infancia participante de una guerra, de "su" cruzada. Hay que moldear sus mentes para que no se equivoquen, para que se sitúen en el lugar adecuado. Sin embargo, en un artículo anterior de este blog, veíamos que la preocupación de la República fue proteger a la infancia de esta barbarie. No introducirla de lleno en la misma, como refleja este índice.  

Me acaba de decir una amiga que en la Figura 1, se observa claramente que mi madre había escrito "imposición de los crucifijos en las escuelas" y que está corregido cambiando "imposición" por "reposición". Errata curiosa que habla por sí sola. 

 

Figura 1. Índice de Educación Patriótica (1)



Figura 2. Índice de Educación Patriótica (2)

 

 

Figura 3. Índice de Educación Patriótica (3)



Figura 4. Índice de Educación Patriótica (4)

 



Figura 5. Índice de Educación Patriótica (5)


 


 Figura 6. Índice de Educación Patriótica (6)

 

Como contraste llama la atención el Índice de otras materias, sobre todo por su longitud que habla del tiempo dedicado en la escuela, como el de Historia de España (Figura 7), de Geografía (Figura 8) y de Biografías (Figura 9).

 

Figura 7. Índice de Historia de España



Figura 8. Índice de Geografía.


                                               Figura 9. Índice de Biografías.


También hay un Índice de los ejercicios de Doctrina e Historia Sagrada, que por tener una longitud similar a la de Educación Patriótica relacionada con el Movimiento Nacional, dejo para otra ocasión. No hay índices de Matemáticas u otras materias, pero sí que es evidente que aprendían cálculos aritméticos a través de ejercicios sobre cálculos prácticos para la vida cotidiana como el cálculo de precios.

Estos índices de contenidos muestran con extrema claridad, ¡demasiada!, cuáles eran los objetivos y finalidades de la escuela durante la guerra civil, que quedaron definitivamente fijados para la educación durante la dictadura franquista, en la que much@s de nosotr@s cantaron el “Cara al Sol” y “Montañas Nevadas” todos los días del curso o tuvimos una asignatura denominada “Formación del Espíritu Nacional” que se impartía incluso en la Universidad. En Ciencias Químicas se cursaba en segundo año de carrera. Así fue en el curso 1972-73.

También las chicas teníamos en primer curso de Bachillerato Superior una asignatura denominada “Economía doméstica” donde nos enseñaban a llevar la economía familiar para llegar a ser perfectas amas de casa, nuestra finalidad en la vida. La impartían mujeres de la Sección Femenina.

Y esto solo muestra la punta del iceberg de la obscuridad y el adoctrinamiento de la escuela durante la dictadura, en manos mayoritariamente de la Iglesia, que nunca ha querido ni quiere perder su dominio sobre la educación, incluso hoy en día.

Una profunda tristeza me invade, una desazón e indignación me inundan, pensando en la educación que la II República había puesto en marcha con la finalidad de hacer hombres y mujeres libres y solidarios, dueños de sus destinos, con capacidad crítica en su toma de decisiones, independientemente de su origen social. Hombres y mujeres con mayúsculas frente a personas manejables, manipulables al servicio de una dictadura. Educación que tod@s perdimos. 

PATIO EN SOMBRA

 22 de octubre de 2020

Hoy me quiero conceder la licencia de recomendar un libro, la última novela de mi amiga Pilar Bacas: Patio en sombra.

Conocí a Pilar Bacas en la IX Escuela de Verano en el año 1984 en Extremadura. En aquellos años, la educación estaba en efervescencia, el profesorado se movía bajo el epígrafe de lo que, en aquel momento, se denominaba Reforma experimental. El profesorado asistía a las Escuelas de Verano.

Ese mismo curso, yo había llegado al Zurbarán en Badajoz y un grupo de profesores de Física y Química habíamos creado el grupo Álcali que impartimos un taller en esa Escuela de verano, en el que Pilar Bacas fue una alumna aventajada.

A partir de ese momento empezamos a trabajar juntas y comenzó una amistad que dura hasta hoy.

Pilar siempre ha escrito muy bien y como prueba dejo un relato que escribió cuando tratábamos de poner la ciencia ficción al servicio del aprendizaje de la Física. En este caso, se trataba de escribir un conjunto de relatos bajo el epígrafe: ¿Qué pasaría si ….? Así Pilar escribió el Viaje de Dimitri, que reproduzco a continuación.




A los alumnos se les pregunta:

·         ¿Cómo habría sido la vida lunática de Dimitri?

·         Describe la utilidad de los aparatos en el nuevo ambiente y analiza las dificultades con las que se encontró el viajero.

·         Escribe tu propia versión del relato.

 

A Pilar le gusta escribir y lo hace muy bien. Empezó con distintos libros para motivar y contextualizar en la vida cotidiana el aprendizaje de Física y Química, siguió con relatos, novelas y biografías, y ahora ha publicado su última novela, como decía al principio, y que desde aquí me atrevo a recomendar.

En esta novela toma como hilo argumental un caso sucedido en un pueblo castellano sobre estraperlo de harina y transcurre entre los años 1935 y 1995. El relato engancha, es entretenido, interesante, refleja la sociedad en momentos oscuros de la historia de España. Pero ahora quiero resaltar su estructura. Los propios personajes de la novela son los que en los distintos capítulos van relatando, en primera persona, los hechos, sus vivencias, sus sentimientos con su propio lenguaje, de tal forma que el lenguaje varía de unos personajes a otros e, incluso, evoluciona con la edad de los mismos, como en el caso de Luchi Madrigal. No habla del mismo modo Ventura Castro que Madela López de Rivera, no lo hace igual Luchi Madrigal que Alfonso Madrigal. Con su diferente forma de expresión lingüística están dando a conocer su origen social. Y según avanzan los capítulos, vamos conociendo los intereses e inquietudes de las distintas clases sociales a las que pertenecen los personajes, sus miedos y obsesiones, su forma de vida en aquellos años duros de la posguerra. Pilar se mete en profundidad dentro de cada uno de sus personajes que escriben, como he dicho, en primera persona el capítulo que les va correspondiendo. Pilar me ha contado que escribió de seguido la historia de cada uno de los personajes y luego tuvo que llevar a cabo la secuencia de los capítulos. A mí me recordó el montaje de una película. Se filman las escenas y luego tiene lugar el montaje. Y el montaje es esencial.

En la contraportada del libro podemos leer: “A través de esta original estructura narrativa, desarrollada con exquisito cuidado por la autora, se abre al lector la posibilidad de tener su propia visión de esos largos años de posguerra en los que la ambición, el desencanto, la soledad, la lucha por la vida, la opresión y los prejuicios invadían la vida de todos.”

¡Enhorabuena, Pilar!

 

 


LA DESBANDÁ

12 de octubre de 2020

El 8[1] de febrero de 1937 tenía lugar La desbandá en la carretera de Málaga a Almería, tras la toma de Málaga por las tropas franquistas al mando de Queipo de Llano. El 12 de febrero mi madre escribe en su cuaderno una carta a este general fechada el 9 de febrero, felicitándole por dicha toma (Figura 1). Rápido corrían las noticias en el bando fascista y más rápido adoctrinaban a las niñas y niños de tiernas edades en las escuelas. Y no lo hicieron mal. Hasta hoy llegan las consecuencias. Aunque fijaos bien de La desbandá ni palabra.

La desbandá es conocida como una de las más brutales represiones del ejército franquista, junto con la toma de Badajoz, de la que no se habla en el cuaderno muy posiblemente porque tuvo lugar en agosto de 1936 y al pueblo no habían llegado aún los golpistas. Menos de una semana tardó Queipo de Llano, con la ayuda de los camisas negras italianos, en tomar Málaga la Roja, como era conocida esta ciudad a causa de los movimientos obreros. Conocida la represión que iba haciendo el ejército fascista en los lugares conquistados y las proclamas radiofónicas de Queipo, muchas personas, civiles entre 100.000 y 150.000 según las fuentes, huyeron por la única vía que tenían, la carretera costera que une Málaga y Almería, y fueron bombardeados por tierra, mar y aire, por franquistas, italianos y alemanes, muriendo entre 3.000 y 5.000 personas.

Es conocida la historia del doctor Norman Bethune, cirujano canadiense que fue médico voluntario en las Brigadas Internacionales. Este médico en sus memorias de la guerra civil describe lo ocurrido[2]: “Yacían hambrientos en los campos, atenazados, moviéndose solamente para mordisquear alguna hierba. Sedientos, descansando sobre las rocas o vagando temblorosos sin rumbo. Los muertos estaban esparcidos entre los enfermos con los ojos abiertos al Sol”. Paul Preston también habla de La desbandá en su libro The Spanish Civil War: Reaction, Revolution and Revenge: “La multitud de refugiados que bloquearon la carretera de Málaga había estado en un infierno. Fueron atacados desde el mar y bombardeados desde el aire en un continuo ametrallamiento. La escala de la represión en el interior de la ciudad capturada explica por qué estos civiles estaban dispuestos a echarse a la carretera", recogido en un artículo de Alejandro Torrús en Público[3].

En este mismo artículo se señala “Una de esas niñas que caminaba junto a su familia es Natalia Montasaroa. Tenía 13 años aquel 7 de febrero de 1937. Hoy, 76 años después, recuerda para Público, con voz temblorosa, lo que vivió durante aquellos días: "Salimos de Málaga el día 7 a las diez de la noche. Teníamos miedo porque oíamos a Queipo de Llano por la radio, que decía: 'Malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna'. La carretera estaba llena de gente. No se me olvidará nunca una mujer con un niño pequeño en brazos; habían disparado desde el barco un proyectil, y las piedras que saltaron le dieron a la mujer en la cara: ella quedó muerta con el niño en brazos, al que no le pasó nada...""

Una breve, pero reconocida y obligada mención, al torrero lucense Anselmo Antonio Vilar García. Este gallego desde el faro de Torre del Mar, una pedanía de Vélez, vislumbró con mucha claridad que si apagaba la luz del faro podía salvar vidas de civiles que huían del horror y así lo hizo. Pero los golpistas no perdonan, la venganza fue rápida y Anselmo fue fusilado el 10 de febrero de 1937 en las tapias del cementerio Vélez- Málaga[4]

Mi madre, con 9 años, escribe y deja constancia de la versión que le dieron (Figura 1), donde a los sublevados franquistas se les llama Glorioso Ejército Español y al gobierno legítimo de la II República se le denomina canalla marxista rusa. Como otras muchas tareas del cuaderno, esta termina con “Arriba España”.


Figura 1. Carta al general Queipo de Llano.

 

Queipo de Llano, conocido como el Carnicero de Sevilla, fue también el responsable de la propaganda del miedo, del terror, de la humillación de los vencidos a través de sus discursos radiofónicos en Unión Radio Sevilla. En enero de 1986 el historiador irlandés Ian Gibson publicó por primera vez la totalidad de las charlas en su libro Queipo de Llano. Sevilla, verano de 1936. Gibson reúne aquí todas las proclamas pronunciadas entre los meses de julio y agosto. Algunas de sus alocuciones[5], “Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que, si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad….”, hablan por sí solas. En otra de sus sonadas charlas radiofónicas, Queipo había proclamado que “del diccionario de España tienen que desaparecer las palabras perdón y amnistía”.

Otras rezuman el más puro machismo, violencia machista diría yo: “Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.

Es cierto que, en 1937, cuando mi madre tiene que escribir la carta en la escuela, Queipo no se había mostrado en todo su esplendor represor, pero ya se había mostrado como traidor en dos ocasiones y apuntaba maneras. ​“A los tres cuartos de hora, un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarles en su huida y hacerles correr más aprisa, enviamos a nuestra aviación que bombardeó, incendiando algunos camiones …”

He leído en algunos artículos la importancia que tuvieron las alocuciones diarias de radio de Queipo en los territorios ocupados por los sublevados. La radio era el medio de comunicación por excelencia. Aquí vemos que la propaganda también estuvo presente en las escuelas con niñas de edades tempranas. Mi madre en aquel momento estaría en el cuarto curso de la Primaria actual.

EN LA SEGUNDA OLA

 30 de septiembre de 2020

Hace tiempo que Madrid llegó a lo que se llamó la “nueva normalidad”, si consideramos que ese es el momento en que se terminó la desescalada, y pudimos compartir de nuevo nuestro tiempo con amigos y familiares, nos pudimos mover sin casi ninguna restricción, pudimos invadir de nuevo las calles y las calzadas con coches, aunque nuestra cara estuviese casi totalmente cubierta, aunque el movimiento estuviese restringido por el auto control que cada uno se impusiese. Todo ocurre tan rápido, que ese momento casi se nos ha olvidado, y ahora estamos entrando o estamos ya dentro de la segunda ola de la pandemia. En la gripe de 1918, la llamada gripe española, la segunda ola se produjo a finales de agosto, casi cuando ha empezado aquí en algunas partes del territorio español. Ha pasado un siglo, la ciencia ha avanzado, la tecnología ha avanzado, no estamos en ninguna guerra mundial, que enmascare la pandemia, y parece que hemos aprendido poco, muy poco.

Al principio de la pandemia, el virus nos sorprendió a todos, nos pilló desprevenidos, nos superaba la nueva situación, y la solidaridad, las buenas intenciones, aquellos aplausos, aquella música, aquellas actuaciones en los balcones a las ocho de la tarde, parecían dar algunas esperanzas de mejorar el mundo, incluso para los más escépticos, entre los que me encontraba. Pero el día a día se empeña en mostrarnos lo contrario. La violencia machista no ha aumentado, pero está agazapada; el acoso escolar ha continuado por vía digital y se teme que en las condiciones actuales aumente; la penuria de la vida para algunos se ha acentuado mucho; la xenofobia, el clasismo parece que se han exacerbado, jaleados por algunas políticas y políticos, no por tod@s.

Además, esta pandemia ha sacado a la luz las deficiencias de este sistema que rige nuestro mundo; deficiencias que, tal vez, permanecían obscuras para algunas o muchas personas, pero eran evidentes para muchas otras. Un sistema capitalista basado en el mantenimiento de las diferencias sociales, en los privilegios de unos frente a otros, en la explotación de una parte de la humanidad por la otra. Y que un virus nos ha puesto más claramente delante de las narices. Veamos, algunos ejemplos concretos. Sobre la Sanidad Española se repetía hasta la saciedad que teníamos el mejor sistema sanitario del mundo. Pero sabíamos de las demoras en las consultas, de las listas de espera, de los recortes, de las privatizaciones, de las reivindicaciones de la Marea Blanca, pero se repetía, se repetía para ver si no veíamos las deficiencias y nos sentíamos orgullos@s de un sistema que se sabía que se estaba avocando a la caída libre. No obstante, y a pesar de todo, much@s seguimos pensando que tenemos un sistema de sanidad pública muy bueno, que no queremos perder, sino mejorar.

No hay ningún sistema por muy excelente que sea, que aguante los envites que la sanidad española lleva recibiendo durante décadas, principalmente en Madrid. No voy a entrar en los datos, fácilmente accesibles[1] y que acompañados de las declaraciones de sanitari@s, ponen en evidencia que la sanidad pública madrileña está una situación difícil, tras esa política de privatizaciones y recortes, año tras año. El afán privatizador, neoliberal a ultranza y de privilegios a los más cercanos (capitalismo de amiguetes) producen los resultados que estamos viendo. No solo en Madrid, no solo en España, sino también en otros países.

La primera vez que estuve en Inglaterra fue en el verano de 1975, todavía vivía Franco. Todo el mundo nos decía, “No preocuparos, el sistema sanitario británico es fabuloso, es universal, es para todas y todos que tengan problemas sanitarios en el Reino Unido; en cualquier problema de salud que os ocurra, seréis atendidos con calidad y gratuitamente”. Volví en el año 86, entonces para vivir durante dos años. M. Tatcher llevaba en el poder desde 1979 y, como neoliberal hasta la médula que era, había destruido gran parte de los servicios públicos. La sanidad ya no brillaba como en el pasado y además estaba demostrando que la sanidad privada era más costosa[2], pero eso no les importa a los adalides del neoliberalismo. En 2013 se publica un informe oficial demoledor, sobre el que dice la prensa británica, The Guardian: El informe ha identificado al culpable: es la cultura del NHS (National Health System), que mira por el negocio y no por los pacientes”. “Se denuncia una cultura inspirada en la ideología de los dirigentes empresariales, en la que éstos ven el vaso medio lleno, cuando en realidad está vacío. Porque subraya que la “baja calidad” que ponía en riesgo a los pacientes era tolerada…”[3]

Y este modelo británico de privatizaciones y recortes de la sanidad pública es el que se ha seguido en España, en Madrid. Y así hemos llegado a hoy, en que la Atención Primaria, la base del sistema sanitario, la primera rueda que debe estar bien engrasada para que el que el sistema funcione, denuncia su falta de recursos, las malas condiciones económicas y laborales y el maltrato hacia sus profesionales, que huyen a otras Comunidades Autónomas y a otros países. Y todo esto lo ha puesto sobre la mesa un virus, aunque llevaba décadas ocurriendo, mientras que nos movíamos bajo el lema de lo bueno que era el sistema sanitario español, pero conociendo todos los indicadores que teníamos frente a los ojos y la presencia permanente de la Marea Blanca en la calle. Y la sanidad explotó. Y pasamos de los aplausos en las ventanas y en los balcones a un mayor número de vejaciones al personal sanitario[4], porque la gente siente que no está atendida, que está discriminada, que está abandonada. Y en este abandono brama contra los más cercanos, ayudada por la caverna mediática, que miente con una falta de escrúpulos total y que tiene solo una finalidad, poner fin al gobierno central, sin ninguna moralidad ni importarle los medios.

En el pueblo en el que vivo, el alcalde repite hasta la saciedad que contamos en nuestro municipio con una educación excelente. Yo añado que la educación pública lleva sufriendo ataques de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid lustro tras lustro, dando todos los privilegios imaginables (más número de grupos por nivel, sobreratios, permitiendo cobrar cuotas ilegales, …) a los centros privados-concertados (centros privados que reciben dinero público) frente a los públicos. No podemos olvidar que, para mantener una Educación Pública de calidad, excelente, hay que cuidarla. Las palabras de reconocimiento no acompañadas por acciones de trato justo, cuidados y mimos pueden conducir a cualquier servicio público a lo ocurrido con la sanidad pública en Madrid.

Todo lo que no se cuida y se somete a una muerte lenta, se deteriora. Es la intención de algunos con los servicios públicos que son para todo@s sin distinciones.